Lo siento, Ferb
Lo estabas pasando bien y de repente tu tía se ha quedado quieta y en silencio mirando a un punto fijo.
Tengo un sobrino. Pongamos que se llama Ferb. Habían terminado las vacaciones de Navidad y ya estábamos recogiendo la casa. Cada familia cargaba sus maletas en el coche que esperaba fuera con el motor encendido.
En ese tiempo de espera Ferb cogió una caja vacía del suelo y dijo: “Ahora jugamos al escondite” y contó hasta 3. Dijo: “Yo cuento - yo cuento: unoooooooo dooooooooooos treeeeeeeees". Con su voz angelical. Su abuelo, su madre y yo estábamos con el móvil en la entrada y no levantamos la vista de nuestros móviles y Ferb, que tiene 4 años, no dijo nada.
Yo me di cuenta de lo que le estaba haciendo a Ferb y lo hice igualmente. Pasé de él porque estaba muy cansada y lo último que me apetecía era jugar al escondite.
Hay un fenómeno, el complejo de la madre muerta, acuñado por el psicoanalista André Green. La idea es que el adulto está presente físicamente pero no se muestra disponible emocionalmente, y así es como el niño va experimentando múltiples abandonos que repercuten en su desarrollo psicológico y relacional.
Si te la pela el psicoanálisis no abras el link.
Piensa solo en términos de sentido común.
El sentido común dice que esta escena que acabo de describir es triste.
En ella todas las personas salimos perdiendo, no solamente Ferb.
Cinco minutos con Ferb me aportan muchísimo más que cinco minutos mirando mi galería de fotos del móvil, que es lo que recuerdo perfectamente que estaba haciendo yo en ese momento hundida en el sofá con las pocas neuronas que me había dejado la buena resaca de Sant Esteve.
Ferb era la posibilidad de algo nuevo. Venía de fuera, del aire, del fresco; era la vida saliéndome al encuentro y, encima era la vida en forma de niño, y de niño con una propuesta de juego — no podía ser más simbólico y potente el gesto — y yo le respondí que no. Y le respondí que no porque mi voluntad estaba anulada.
No hay combate posible contra el móvil. Tenerlo en el bolsillo y no usarlo es como intentar no mojarse con agua o quemarse con fuego. Recuerda siempre que está diseñado para que sea así, esto no es una frase de conspiración reptiliana, se habla abiertamente de ello.
Y es por eso que si no quieres usarlo no puedes tenerlo a la vista, y una idea es que lo dejes donde las llaves al descalzarte y entrar en tu casa o le busques otro sitio y te autoconvenzas de que es un teléfono fijo, porque no hay lucha posible, si lo tienes a la vista no haces otra cosa que utilizarlo y todo pasa a un segundo plano.
Creo que ha llegado el momento de decir claramente que nos la han colado, equipo.
Mi hermana me habló del BLOCK y me reí de ella porque me pareció otra trampa del hiperconsumo. Le dije que probase a dejar su móvil en una caja normal para no usarlo, pero me respondió que no tenía suficiente fuerza de voluntad y no le serviría de nada.
Y yo después de esto que cuento le veo todo el sentido del mundo al BLOCK y estoy empezando a ahorrar para conseguir uno.
Block es una caja de Faraday, un invento victoriano que bloquea campos eléctricos. Metes el móvil dentro del táper y es complicado sacarlo de ahí porque funciona con un sistema de bloqueo complejo (es la misma idea del Hush Pouch). Aquí tienes el link: BLOCK
Es una puta locura que la gente estemos dispuestos a pagar 150 euros para protegernos del móvil, pero lo estamos haciendo. ¿No significará que no nos gusta lo que está pasando y que nos hace daño? Quiero decir, cómo de desesperados tenemos que estar para ver este precio y pagarlo. Significa que verdaderamente el móvil nos amarga y necesitamos guardarlo y dejar de verlo.
Me habría encantado que mi móvil hubiera estado dentro del BLOCK en este momento que he descrito. Estoy segura de que me habría levantado del sofá y habría jugado cinco minutos con Ferb, que estaba de un humor increíble.
Me habría gustado tener la posibilidad de elegir qué hacer, al menos.



